El Deseo Sexual en la Mujer

Publicado en la Revista "Prescribe"

La Dra. Claudia Andrea González, vicepresidenta de la Asociación Argentina de Controversias en Obstetricia y Ginecología, informa que cada día son más frecuentes, en la consulta ginecológica femenina, los temas referentes a la falta de deseo sexual. Las posibles causas y los tratamientos.

El deseo sexual es el motor que impulsa el acercamiento entre el hombre y la mujer, pero, en los últimos tiempos, parece haber disminuido. Por esta razón, alrededor del 50% de las consultas al sexólogo son por esta causa.

La doctora Claudia González, médica ginecóloga, obstetra y sexóloga clínica, vicepresidenta de la Asociación Argentina de Controversias en Obstetricia y Ginecología, con gran experiencia al respecto, explica que “el ser humano posee centros y circuitos neurales de activación e inhibición localizados en el sistema límbico, con núcleos en el hipotálamo y en la región preóptica". También “presenta amplias conexiones neurales con otras zonas del cerebro que ofrecen una complejidad muy elevada en la posibilidad de la respuesta”.

“Se trata de una estructura compleja –continúa–, multicomponente, con factores biológicos, psicológicos e interpersonales. Es decir que se trata de una entidad intrincada, que agrupa elementos individuales y propios de cada persona, con elementos predeterminados genéticamente para la especie, que se ponen en marcha en situaciones sociales y afectivas que cambian permanentemente”.

Según la entrevistada, el aumento de este tipo de consultas, podría obedecer también a la pérdida de tabúes por parte de las pacientes, o bien a que los médicos ginecólogos se encuentran más permeables a resolver este tipo de disfunciones.

Deseo activo y pasivo

Según la doctora Claudia Gonzalez “el deseo sexual de la mujer, en la doble función que cumple la sexualidad femenina (reproducción y placer) determinaría, por un lado, un deseo activo, construido desde la interioridad, y aceptado y valorado culturalmente hacia la maternidad. Y, por el otro, un deseo pasivo, activado solo por la mirada masculina y vinculado con la sexualidad y el erotismo”.

Y agrega: “El deseo es inherente al ser humano e involucra un yo activo, que ejecuta el accionar que lo satisfaga, y se instala cuando la persona logra abstraerse de las exigencias cotidianas que suelen anestesiarla”.

En este proceso, intervienen elementos relacionados con la voluntad, y aquí entraría en juego todo aquello que se encuentra relacionado con el aprendizaje, la conducta y las creencias (educación, apego, sociedad, cultura y valores), y los elementos que se vinculan con los impulsos, como la fisiología, la anatomía y la neuroquímica del cerebro.

“Para algunos autores, ciertas disfunciones no son consideradas como trastornos médicos, sino como variaciones en el desarrollo de la conducta sexual normal”.

Para Helen Kaplan, refiere, el deseo se refiere al “impulso que mueve a hombres y mujeres a buscar afuera, a iniciar y/o responder a la estimulación sexual; y un estado motivacional o impulsivo que se origina por procesos específicos neurofisiológicos en el cerebro”.

En este proceso, intervienen elementos relacionados con la voluntad, y aquí entraría en juego todo lo inherente al aprendizaje, la conducta y las creencias (educación, apego, sociedad, cultura y valores), y elementos que se vinculan con los impulsos (fisiología, anatomía y neuroquímica del cerebro). Sin embargo, “para algunos autores, ciertas disfunciones no son consideradas como trastornos médicos, sino como variaciones en el desarrollo de la conducta sexual normal”.

Al referirse a este punto, también remite al doctor David Schnarch, quien, en 1991, estableció que cuando hay excitación también existe deseo y, cuando se está en la meseta o el orgasmo, el deseo persiste. Por su parte, Rosemary Basson planteó en 2000, que las mujeres, “en la mayoría de los casos, comienzan un encuentro sexual desde una posición neutra, y que, a medida que se genera la intimidad y proximidad emocional, las ganas van apareciendo, planteando el modelo circular de respuesta sexual. Sostiene que las mujeres comienzan las relaciones sexuales sin tener deseo, y solo se activan luego de un proceso de intimidad”.

Por otra parte, “la respuesta sexual femenina es compleja y pueden surgir problemas. Sin embargo, para algunos profesionales, ciertas disfunciones no son consideradas como trastornos médicos, sino como variaciones en el desarrollo de la conducta sexual normal”.

La estimulación del cerebro

Teniendo en cuenta que en el ser humano el órgano más importante en la respuesta sexual es el cerebro, “debemos conocer cuáles son las sustancias que intervienen en el deseo”, señala la profesional. Y explica que, a nivel del Sistema Nervioso Central (hipotálamo y sistema límbico) existen receptores específicos donde los neurotransmisores (dopamina, norepinefrina, oxitocina, vasopresina, serotonina) y las hormonas (estrógenos, progesterona, testosterona), modulan la respuesta sexual y actúan como estimuladores fisiológicos (deseo) o inhibidores fisiológicos (evitación)”.

Las hormonas sexuales ponen en marcha la cadena de fenómenos químicos, y de esta forma lo describe la especialista: “La testosterona induce, los estrógenos permiten y la progesterona modula la química del amor. Además, los dos componentes estimulantes del deseo son la dopamina y la noradrenalina que, a su vez, se ven moduladas por la serotonina. Mientras otros neurotransmisores como las endorfinas, la prolactina y la adrenalina, lo frenan”.

“Estos neurotransmisores –aclara–, son estimulados por factores externos como la alimentación, sustancias estimulantes y el sexo; y por estimulantes internos como la fantasía erótica que, a su vez, se verá influenciada por los vínculos sociales”.

"De este modo, se llega a la conclusión de que son muchas las variables que intervienen en la activación del deseo; entre otras, los aspectos neuroendócrinos, cognitivos, afectivos, externos e internos; y, justamente por este motivo, se torna muy compleja su resolución cuando se plantea alguna alteración en su desarrollo”.

¿Qué es el deseo sexual hipoactivo?

Se trata de la disfunción sexual de mayor prevalencia en la mujer y la que más conflictos provoca en la pareja, según la entrevistada, que detalla: “Para el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos (DSM IV-TR), existe deseo sexual hipoactivo (DSH) cuando existe disminución o ausencia de fantasías, y deseos de actividad sexual de manera persistente o recurrente, y este trastorno, a su vez, provoca malestar acusado o dificultades de relación interpersonal”.

Ampliada luego por diversos consensos en el estudio de las disfunciones sexuales femeninas, a la definición mencionada se incorporó, no solo la inhibición del impulso hacia la concreción de la actividad sexual, sino también la ausencia o disminución de receptividad a esta, “generando un distress personal que aparece tras una amenaza interna o externa”, señala la especialista. Y remarca que “este trastorno puede ser primario (de toda la vida), adquirido, situacional o generalizado”.

También resalta la importancia de “diferenciar cuándo los inductores externos del deseo son adecuados o no”. Y añade que “la aversión al sexo y el trastorno de excitabilidad son cuadros claramente diferenciados del DSH, pero disminuyen la frecuencia sexual y, a veces, suelen confundirse”.

Resulta difícil correlacionar el DSH con la edad. De acuerdo con los trabajos realizados más recientemente, fue posible observar que, si bien el porcentaje de mujeres con bajo deseo sexual se incrementa con la edad, el porcentaje de mujeres con distress asociado al bajo deseo es menor a medida que pasan los años: “Esto hace que la prevalencia del DSH pueda mantenerse constante independientemente de la edad”.

Factores que disminuyen el deseo

Según la médica ginecóloga, “existen factores orgánicos que pueden intervenir en la alteración del deseo; entre ellos, cita el hipogonadismo, la hiperprolactinemia, el hipotiroidismo, las insuficiencias suprarrenal y renal, diabetes, alteraciones neurológicas, fármacos y drogas que son inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina”. Además, “durante la menopausia puede producirse una disminución fisiológica de los andrógenos que determine un descenso global del deseo y de la motivación”.

También existen factores psicosociales, entre los cuales destaca la historia sexual previa; la calidad de relación de la pareja (cercanía emocional y física); la relación positiva con su propio cuerpo; la desmotivación; el trastorno del estado de ánimo; enojo y resentimiento; ansiedad, celos y aburrimiento; y, finalmente, el antecedente de episodios de depresión en el historial de la paciente, “ya que es frecuente su asociación con la disfunción del deseo sexual”.

“Otros determinantes psicológicos y de vínculos pueden ser la comunicación; la búsqueda de intimidad; la atracción erótica; la confianza y el compromiso en la relación; la flexibilidad para hacer cambios y la autonomía, libertad y responsabilidad frente al otro”, completa la profesional."

Durante la menopausia, explica, “los factores que aumentan la resiliencia a los problemas sexuales pese a los cambios hormonales, son los sentimientos positivos hacia la pareja, una salud mental equilibrada y experiencias sexuales pasadas positivas”.

Tratamiento

El tratamiento del DSH debe ser enfocado desde la educación sexual, la terapia sexológica y el tratamiento médico. Al respecto, González señala que “el tratamiento que llevan a cabo los profesionales, es a través de la testosterona considerada como la hormona del deseo. Se ha observado que esta hormona mejora la respuesta, la frecuencia y el deseo; y que ofrece mejor respuesta administrándola junto con estrógenos. Sin embargo, su uso en mujeres con DSH sigue siendo motivo de controversia”.

“El síndrome de insuficiencia androgénica caracterizado por síntomas y signos clínicos como fatiga, disminución de la libido y pérdida de la sensación de bienestar –sostiene–; sería otra indicación del uso de andrógenos (testosterona y/o DHEA) en mujeres previamente estrogenizadas”.

Sin embargo, advierte que “la Sociedad de Endocrinología Americana”, informa que no existen datos suficientes (síndrome clínico bien definido, valores de testosterona total y testosterona libre en mujeres, en diferentes etapas de su vida) para realizar un diagnóstico de síndrome de déficit androgénico”.

Por otro lado, “si bien existe evidencia de la eficacia a corto plazo del tratamiento con testosterona en determinadas poblaciones (por ejemplo en pacientes con menopausia quirúrgica tras una anexectomía bilateral), no se recomienda el uso generalizado de testosterona, ya que no existe evidencia de seguridad a largo plazo”.

“La respuesta sexual femenina es compleja y pueden surgir problemas. Sin embargo, para algunos profesionales, ciertas disfunciones no son consideradas como trastornos médicos, sino como variaciones en el desarrollo de la conducta sexual normal”.

En conclusión, admite, “falta mucho aún por dilucidar acerca del rol de los andrógenos en las mujeres, tanto a nivel biológico, como fisiológico y psicológico”.

Otros fármacos que se utilizan son la tibolona y la DHEA. Pero, aclara, “se han empleado con poco éxito, ya que su efecto androgénico es leve”.

La entrevistada informa que algunos psicofármacos demostraron mejorar el deseo sexual. No obstante, “resulta difícil evaluar si la mejoría se debe al medicamento o a que los pacientes mejoran su humor y malestar psíquico y, en consecuencia, su deseo sexual”. Entre estos, menciona “el bupropión (inhibidor de la recaptación de dopamina y noradrenalina; la apomorfina, que actúa como agonista del receptor de dopamina; y el flibanserin, que se comportaría como antagonista del receptor de serotonina 5HT2, agonista del receptor de serotonina 5HT1, y con una leve afinidad al receptor D4 de dopamina”.

Terapia psicológica

Si bien los trastornos sexuales en las mujeres, muchas veces pueden ser solucionados con intervenciones simples realizadas por su ginecólogo de cabecera, “también es cierto que este debe estar capacitado para poder evaluar la naturaleza del problema sexual, la severidad de los síntomas, la duración, el grado de distress y la motivación de la paciente para el tratamiento”, enumera la profesional. Y subraya que “se debe determinar la coexistencia de depresión o trastornos de ansiedad, ya que en estos casos, la derivación a un psicoterapeuta es lo apropiado”

Una vez corregidos los síntomas producidos por la depleción hormonal que pueden causar problemas sexuales, y ante la persistencia de estos, se recomienda “la derivación a un terapeuta sexual que aborde la problemática sexual y sus condicionantes inmediatos en terapias breves y focalizadas, individuales o con la pareja”.

Existen varios modelos terapéuticos dentro de la terapia sexual. Los más importantes, según la doctora González, son los siguientes:

  • Modelo Kaplan.
  • Modelo de Mc Carthy.
  • Modelo de LoPiccolo y Friedman.
  • Modelo Trudel.

Pero, cabe destacar que “muchos casos podrán resolverse simplemente con educación sexual y/o terapia psicológica, por lo que se requiere realizar una historia clínica minuciosa, para evaluar cuál será la terapéutica adecuada”.

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